es una brisa de calma en el centro de todo: un rincón donde Milán, Turín o Nápoles se cruzan entre flores, quesos y brindis. Vicolo es como un pequeño mercado que abraza un coqueto café, una cantina, la pizzería de siempre, el almacén, la salumería, el puesto de flores que enamora y la vinoteca que invita al brindis lento. De aquí la charla no quiere irse. Porque en Vicolo se celebra, todos los días, el sencillo arte de sentirse bien.